
A los 64 años, Jorge Martín Villa Morfín todavía entra a una cancha de básquetbol. No lo hace únicamente para recordar una época: sigue jugando.
Actualmente ha sido invitado a integrarse a un equipo de Taretan en la categoría de 59 años y más, y también recibió una invitación de un conjunto de Morelia para participar en noviembre de este año en un torneo en Mar de Plata, Argentina, dentro de la categoría de 60 a 64 años. El torneo, sin embargo, fue cancelado de última hora.

Martín Villa, como es conocido, mantiene vigente el legado de una tradición deportiva familiar y comunitaria que comenzó a tejerse hace más de siete décadas en el ejido de San Sebastián, municipio de Los Reyes, con la formación del legendario equipo de básquetbol Los Cinco Diablos.

Martín Villa es sobrino de Joaquín Novoa Barragán, uno de los fundadores del conjunto. Cuenta que la historia comenzó entre los trabajadores del Ingenio Azucarero de San Sebastián y sus hijos.
Con el paso de los años, el equipo pasó de padres a hijos durante seis generaciones y llegó a convertirse en una de las tradiciones deportivas más competitivas y duraderas de Los Reyes y la región.

El origen en El Toril
Según el relato familiar de Martín, por las tardes, al terminar las jornadas de molienda, los obreros del ingenio y sus hijos comenzaron a reunirse para jugar en El Toril de San Sebastián. Era un predio de tierra que ellos mismos nivelaron y aplanaron como pudieron para improvisar sus primeras cascaritas y entrenamientos.
El origen del nombre Los Cinco Diablos no está completamente documentado. Martín Villa, después de consultar con familiares y amigos de San Sebastián, cuenta que pudo haber surgido por sugerencia del primer patrocinador de los uniformes, quien viajaba con frecuencia a Toluca.

Entre los primeros integrantes y fundadores que Martín identifica se encontraban Joaquín Novoa Barragán, Alfonso Aguilar Torres, Félix Sánchez, Reynaldo Ayala Arias, Juan Sandoval Magaña, Eduardo Rincón Medina, Alfredo Madrigal Ochoa, Salvador Rodríguez Diaz, Federico Barajas Garcia, Aurelio Torres Rocha y Juan Novoa Barragán.
El primer entrenador del equipo fue Felix Sánchez quien fue contratado por el ingenio azucarero y llegó de Sahuayo. Para Martín, sin embargo, sus entrenadores dentro de la cancha serían Salvador Rodriguez Díaz «Chany» el profesor Serafín Pedraza Velazquez y tambien Manuel Ayala, hermano de Antonio Ayala, el célebre Príncipe Tarasco, originario de San Sebastián, quien posteriormente brillaría con la selección nacional mexicana de básquetbol en los Juegos Olímpicos de México 1968 y Montreal 1976.

La primera cancha formal de básquetbol en San Sebastián llegaría cuando el ingenio incrementó su actividad y la organización sindical de los trabajadores azucareros adquirió mayor fuerza.
Con el respaldo de la empresa, la comunidad pudo solicitar la construcción de una cancha y el deporte comenzó a consolidarse alrededor de aquella comunidad obrera.
Aunque Martín sostiene que Los Cinco Diablos se formaron en 1950, la primera fotografía conocida del conjunto está fechada en 1957.
Desde entonces, el rojo y blanco se convertirían en los colores que acompañarían al equipo durante generaciones.

Competir para hacer amigos
La época en la que Martín Villa conoció y vivió la tradición de Los Cinco Diablos estuvo marcada, según recuerda, por la caballerosidad, la educación y el respeto.
Los encuentros contra comunidades como Sicuicho o Zacán no terminaban necesariamente con la rivalidad de la cancha.
Después de los partidos venían las comidas comunitarias y la convivencia.
“Cuando íbamos a Sicuicho a jugar, en la comunidad nos organizaban una comida para después de finalizado el juego, y lo mismo hacíamos en San Sebastián cuando iban de Sicuicho a jugar al ejido”, recuerda.
En aquellos años, dice Martín, no era común encontrarse con equipos soberbios o jugadores groseros. La cancha era un espacio para competir, pero también para hacer amigos.
Ganar importaba, pero la convivencia tenía un valor que trascendía el marcador.
Esa manera de entender el básquetbol se convertiría en una de las herencias que pasaron de una generación a otra.

En sus primeros años, Los Cinco Diablos enfrentaron a equipos de Zamora, Cotija, Tocumbo y otras comunidades, así como a conjuntos pertenecientes a distintos ingenios azucareros de Michoacán, entre ellos Taretan, Puruarán, Pedernales y Santa Clara.
Hubo incluso una temporada en la que los integrantes de aquella primera generación viajaban cada semana a Zamora para disputar partidos.

Dentro del anecdotario familiar, Martín recuerda a Manuel Ayala como un jugador especialmente bueno en la defensa del tablero.
De su tío Joaquín Novoa recuerda, en cambio, su capacidad para encestar desde media cancha mediante una particular técnica de tiro de gancho.
Los años de gloria
Martín sitúa el crecimiento de Los Cinco Diablos durante la década de 1960. En sus primeros años, asegura, prácticamente no perdían partidos.

El ascenso del equipo estuvo estrechamente relacionado con el respaldo del Ingenio Azucarero de San Sebastián, que durante décadas fue el principal soporte de aquella tradición deportiva.
La empresa cubría los gastos de transportación, uniformes, hospedaje y alimentación cuando Los Cinco Diablos participaban en torneos nacionales organizados por los ingenios azucareros.

El apoyo significaba mucho más que contar con uniformes o pagar algunos gastos. Permitía que un equipo surgido en San Sebastián pudiera viajar por distintas regiones del país y competir a nivel nacional sin que sus jugadores tuvieran que asumir de su bolsillo los costos de permanecer una semana fuera de casa.
Los torneos tenían además una formalidad que Martín recuerda con especial nostalgia.
Había inauguraciones, se entonaba el Himno Nacional y los trofeos representaban una recompensa particularmente importante.
“Eran lo máximo”, recuerda.

En la Cancha Huerta de Mangos, los partidos de fin de semana podían reunir a una gran cantidad de espectadores. Los domingos, especialmente, el lugar se llenaba. El básquetbol se había convertido en un espectáculo comunitario que las familias acudían a disfrutar.
El apellido también comenzó a convertirse en una especie de alineación permanente dentro del equipo. Las familias Novoa, Villa, Rodríguez y Herrera, entre otras, aportaron jugadores a distintas generaciones.

Martín entra a la historia.
Martín Villa ingresó a esta dinastía de basquetbolistas de San Sebastián en 1973, cuando tenía 12 años. Fue impulsado por Alfredo Madrigal Ochoa, conocido como El Tomiques, también uno de los pioneros del equipo. A los 18 años, Martín ya formaba parte de la selección de Los Cinco Diablos Jr., correspondiente a la quinta generación del equipo.
Después de pasar por segunda fuerza e intermedia, aquella generación consiguió conquistar la liga local al derrotar en la final a la cuarta generación, integrada por jugadores mayores de su propia familia deportiva.

A partir de entonces, Martín comenzó una carrera en las ligas azucareras estatales y nacionales:
1979: clasificación al torneo nacional en Oaxtepec, Morelos, con el Sector Popular.
1979: campeones estatales y clasificación al Campeonato Nacional de Mazatlán, Sinaloa.
1980: campeonato estatal en Michoacán.
1982: primer campeonato nacional azucarero disputado activamente por Martín, a los 20 años, en Morelia.
1985: campeones nacionales en Córdoba, Veracruz.
1986: subcampeones nacionales en Tepic, Nayarit, después de perder la final ante Taretan.
1987: campeones nacionales por segunda ocasión, en San Luis Potosí.
– 1988-1989: participación en los nacionales de Guadalajara y Oaxaca, después de revalidar el título estatal.

Durante esos años, Martín perteneció a una generación que aprendió a viajar para jugar y a representar a San Sebastián, Los Reyes y Michoacán lejos de casa.
Pero el básquetbol no sería la única actividad que marcaría su vida.

El biólogo que terminó frente a un salón de clases.
Martín Villa es biólogo de profesión.
Egresó de la Facultad de Biología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
Sin embargo, su trayectoria profesional tomó otro camino.
A lo largo de su vida se dedicó a la docencia y trabajó como maestro de telesecundaria hasta llegar a la jubilación después de 32 años años activo.
La escuela terminó convirtiéndose en otro espacio donde el deporte ocupó un lugar importante en su vida.

Con el equipo de maestros de telesecundaria, Martín Villa participó durante años en los torneos estatales de la Zona 27.
Entre 1994 y 2007, cuenta, el conjunto consiguió el campeonato estatal durante 14 años consecutivos.
Los torneos se disputaban en distintos puntos del estado de Michoacán. . Cada año implicaba trasladarse a una nueva sede para competir contra otros equipos de maestros, pero también significaba continuar llevando el básquetbol como una parte de la vida cotidiana.

Para Martín Villa, aquella etapa prolongó su carrera deportiva cuando la época de la universidad y los torneos azucareros ya había quedado atrás.
Y todavía habría una segunda etapa.
Entre 2014 y 2017 volvió a participar con el equipo de maestros, consiguiendo nuevamente el campeonato estatal en cuatro ediciones consecutivas:
2014: Uruapan.
2015: Tancítaro.
2016: Paracho.
2017: Los Reyes.

La docencia, de esta manera, no quedó separada de su historia como basquetbolista. Las canchas fueron también un punto de encuentro con otros profesores y con nuevas generaciones de jugadores.
El final de una época
La sexta generación de Los Cinco Diablos comenzó a formarse durante las décadas de 1990 y 2000 y estuvo integrada, en buena medida, por hijos de jugadores de la quinta generación.

Pero la tradición deportiva que había surgido en San Sebastián comenzó a fracturarse a finales de la década de 1990, cuando el Ingenio Azucarero de San Sebastián atravesó una crisis administrativa que finalmente condujo a su cierre definitivo en 2002.
Con la desaparición del respaldo económico del ingenio también desaparecieron los torneos azucareros que durante décadas habían permitido a Los Cinco Diablos competir a nivel nacional.

La sexta generación tuvo que buscar nuevas formas de organización y financiamiento mediante equipos como Sección 61 e IMSS Los Reyes.
Ahora los jugadores debían pagar sus propios gastos.
«Era difícil porque a las competencias estatales llevábamos equipo femenil y varonil, primera y segunda fuerza. Los de primera prácticamente costeábamos los gastos de la segunda. Además, la dirección del equipo debía ir a Morelia a reuniones de la liga estatal cada semana”, recuerda Martín.

Llegó un momento en que los jugadores ya no pudieron continuar costeando los gastos necesarios para competir.
Con el cierre del ingenio terminó también una estructura que había sostenido durante décadas buena parte de la vida deportiva de San Sebastián.
Pero no terminó la relación de Martín Villa con el básquetbol.

Una tradición que todavía juega.
El paso del tiempo no consiguió sacar a Martín Villa de la cancha.
Hoy imagina nuevos torneos donde puedan involucrarse más los niños y los jóvenes del municipio, y participa para que eso se haga realidad.
Sigue dispuesto a entrenar a nuevas generaciones. A lo largo de su vida también ha trabajado entrenando a niños y jóvenes en escuelas de Zacán, Nuevo Zirosto, Peribán y Corona.

Su experiencia como docente y como jugador terminó encontrándose en ese espacio: enseñar a otros lo que aprendió durante décadas sobre el deporte.
Y no es el único integrante de aquella tradición que permanece activo.

Su tío Rafael Villa continúa jugando en la categoría de 65 años y más y recientemente participó con su equipo en un torneo en España, donde consiguieron el triunfo.
Martín también menciona a Mario Sandoval Rodríguez como otro jugador de San Sebastián que continúa practicando el básquetbol.
Recuerda además a Salvador Rodríguez, “El Chany”, quien fue entrenador de este deporte en el Colegio de Bachilleres de Los Reyes.

Cuando Martín Villa habla del pasado del básquetbol en Los Reyes, hay palabras que aparecen una y otra vez: respeto, honor, espíritu deportivo y caballerosidad.
Para él, esas palabras explican una parte esencial de lo que fueron Los Cinco Diablos.
Hoy percibe una transformación en la manera de entender el deporte.

Considera que algunos jugadores destacados de Los Reyes y la región están más interesados en obtener una remuneración por jugar que en competir por el simple gusto de practicar básquetbol.
También percibe menos respeto y educación en la cancha.
Martín recuerda una época en la que se jugaba por el gusto de competir, representar a un equipo y conquistar un trofeo.
Incluso los reconocimientos escritos tenían un significado especial.

Los Cinco Diablos son el testimonio de un tiempo en que el basquetbol fue, además de competencia, una forma de convivencia, identidad y pertenencia comunitaria.
Una historia nacida en la tierra ejidal de San Sebastián, en Los Reyes de Salgado, la cual dio origen a la leyenda del «Príncipe Tarasco», uno de los basquetbolistas más importantes que ha tenido México en su historia deportiva.
Martín Villa forma parte de esa historia y tradición familiar, pero también de su continuidad; porque mientras todavía pueda entrar a una cancha, aquella tradición no habrá terminado.

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