
Cácaro del Cine María Isabel en los años 70’s.
Hubo un tiempo en que ir al cine en Los Reyes, Michoacán era mucho más que ver una película. Era salir con la familia, comprar una torta de queso de puerco con una Fanta bien fría, escuchar los silbidos cuando la cinta se rompía y gritar al unísono «¡Cácaro!». Hoy, en cambio, la ciudad ya no tiene una sola sala de cine y, para muchos, disfrutar una película en pantalla grande implica recorrer hasta Zamora o Uruapan… siempre y cuando las carreteras estén abiertas.

Excine Palacio de Los Reyes.
Aunque muchos recuerdan cinco cines distintos, en realidad esos cinco nombres ocuparon únicamente tres edificios a lo largo de varias décadas.
La historia comenzó con el Cine Fénix, Cine María Isabel, continuó con el Cine Morelos, que más tarde daría paso al Cine Palacio, y finalmente llegó el Cine Más Los Reyes, el último en apagar el proyector.

Excine Fénix lleno.
El Cácaro, el personaje más famoso del cine.
Mario Alfonso Pulido Valencia cuenta que su padre comenzó a trabajar en el Cine María Isabel en 1943. Su primer trabajo consistía en colocar los carteles de las películas. Después pasó al interior de la sala con una lámpara para ayudar a acomodar a los asistentes y, con el tiempo, se convirtió en el Cácaro, el encargado de proyectar las películas.
Mario recuerda que en aquellos años era normal entrar con comida al Cine María Isabel. Afuera se vendían tortas, tacos y refrescos que los asistentes llevaban hasta sus butacas. Con apenas un peso era posible entrar y ver tres películas seguidas.

Excine María Isabel meses antes de que se quemara. La parte de arriba de estás instalaciones es donde el Cácaro trabajaba.
Después de trabajar en el María Isabel, su padre llegó al Cine Fénix que se encontraba en el Portal Guerrero, considerado el más importante de toda la región.
Ahí proyectó desde películas de los hermanos Almada hasta las comedias de Alfonso Zayas, Los Verduleros y muchos otros éxitos del cine mexicano de la época.
Además del Cácaro existía otra figura indispensable: el manipulador de la cabina, encargado de montar los rollos de película y operar los proyectores durante cada función.

«¡Apaga la luz, Cácaro!»
Marco Barajas, conocido como «El Chis», recuerda que su padre, Luis Miguel Barajas «El Chis», también fue Cácaro del Cine María Isabel.
«Me acuerdo de las buenas películas americanas que presentaban en aquellos tiempos y de las tortas bien ricas con una Pepsi bien fría. Qué tiempos únicos. Arriba el Cácaro que pasaba con su lamparita y todos gritaban: ‘¡Apaga la luz, Cácaro!».

Asi quedó después del incendio en 2012 el Excine María Isabel.
Las anécdotas se repiten entre quienes vivieron esa época de los cines en Los Reyes.
Un hombre recuerda que tenía apenas diez años cuando vio Rambo II.
«Salí echando maromas y tirando balazos con mi AK-47 imaginaria. Por poco me voy a la barranca.»
Otro resume uno de los rituales más característicos de aquellos años.
«Nomás se cortaba la película y era un chifladero: ‘¡Cácaro! ¡Cácaro!’.
Y alguien más remata entre risas:
«Y los condones voladores…»

El Fénix, el gigante de la región.
Para muchos, el Cine Fénix fue el mejor cine que ha tenido Los Reyes.
La entrada costaba cincuenta centavos cuando abrió sus puertas y durante las funciones había un intermedio para salir a comprar algo de comer.
El edificio estaba dividido entre Galería —también conocida como Gayola— y Luneta. La Galería era la zona más económica y desde ahí volaban toda clase de bromas hacia quienes estaban abajo.

«Qué lindo recuerdo ir al Cine Fénix. Nomás no te sentaras adelante porque los de Gayola les gritaban barbaridad y media a los de Luneta.»
Durante las matinés escolares el caos era parte del espectáculo.
«Regresé a mi casa sin zapatos. Estudiaba en la Escuela Sabás Valladares.»
David Álvarez recuerda otro de los grandes atractivos del Fénix.
«Las tortas de queso de puerco con una Fanta llenaban el cine.»
Cuenta además que su hermano llevaba después esas mismas películas para proyectarlas en Atapan.

El Cine Morelos y la competencia por atraer al público.
A mediados de la década de 1960 apareció un nuevo competidor: el Cine Morelos, construido donde años más tarde surgiría el Cine Palacio. Jesús Morales recuerda que al principio estaba techado con lámina de cartón.
«Cuando llovía se escuchaban las gotas durante toda la película.»
Mientras el Fénix ofrecía tres películas por un peso, el Morelos respondía con cuatro funciones por el mismo precio e incluso regalaba pequeñas Coca-Cola o reglas geométricas durante las matinés infantiles. Era un cine pequeño. Muchas personas terminaban viendo las películas de pie y las bancas eran de madera. En esos años llegaron películas como Cri-Cri, protagonizada por Ignacio López Tarso, mientras que el Fénix proyectaba éxitos internacionales como Marcelino Pan y Vino.

Del Morelos al Palacio.
Alrededor de 1972 el Cine Morelos desapareció para dar paso al Cine Palacio, considerado el cine más moderno que tuvo Los Reyes.
Ahí también ocurrieron momentos que todavía viven en la memoria de la gente.
Una señora recuerda el incendio que ocurrió en la palomera y otra ocasión en la que un temblor interrumpió una matiné.
«Todos los niños salieron corriendo entre empujones.»
Los cines también funcionaban como espacios comunitarios donde se realizaban graduaciones, reuniones sociales e incluso actos políticos y campesinos.

Cuando el cine salía a las calles.
No toda la historia del cine ocurrió dentro de un edificio.
Un habitante recuerda las funciones improvisadas junto a la Ferretería Torres, cerca de la Escuela 20 de Noviembre.
Otro de nombre Joaquín Novoa recuerda que su abuelo tenía un cine ambulante y proyectaba películas sobre el portón del ingenio de San Sebastián.
«Poníamos las sillas y los botes desde temprano. Antes casi no pasaban carros.»
La pantalla quedó en negro.
El último cine de Los Reyes fue el Cine Más Los Reyes. Desde que cerró sus puertas, la ciudad se quedó sin una sola sala de exhibición.
Hoy, para ver una película en pantalla grande, muchas familias tienen que viajar hasta Zamora o Uruapan. Pero incluso eso se ha vuelto complicado.
Los frecuentes bloqueos carreteros, manifestaciones o cierres de caminos hacen que, en ocasiones, un simple plan de fin de semana termine cancelado.

En dónde era el Excine María Isabel además de ser un área de oficinas del Ayuntamiento, también sirvió como espacio para ensayos de teatro y presentaciones musicales.
Como escribió un reyense en redes sociales
«Se echa mucho de menos tener un cine. Algunos tenemos que salir a Zamora o Uruapan para disfrutar una película, pero últimamente han estado cerrando las carreteras y los planes se van a la basura. Los Reyes necesita un cine otra vez.»
Quizá el verdadero legado de aquellos viejos cines no fueron únicamente las películas que proyectaron, sino la manera en que reunían a todo un pueblo frente a una misma pantalla.
Hoy, cuando los proyectores se apagaron y los edificios cambiaron de uso o desaparecieron, lo único que sigue encendido son los recuerdos de quienes todavía alcanzaron a escuchar el grito más famoso de cualquier función:
¡Cácaro!



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