Jes Valencia

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Contando la historia de la vida productiva y cultural de Michoacán. Fotógrafo y narrador independiente.

36 exposiciones para descubrir París.

En 2006 adquirí mis primeros conocimientos de fotografía. Por un lado, tomé clases particulares con un fotógrafo de Morelia que había sido fotoperiodista. Más tarde, Gustavo Vega, también fotoperiodista moreliano, nos impartió un curso en la entonces Escuela de Lengua y Literatura Hispánica, donde estudiaba la licenciatura.

Ahora, con todos los avances de la fotografía digital, recuerdo aquellas primeras clases. Comencé fotografiando con una Canon AE-1 semiautomática, una cámara en la que cada disparo representaba una oportunidad para hacer una buena fotografía.

Pensar en ello me lleva inevitablemente a las 36 exposiciones que ofrecía un rollo fotográfico: apenas 36 oportunidades para observar, decidir y acertar, muy distinto a las miles de imágenes que hoy pueden almacenarse en una sola tarjeta de memoria.

Las fotografías que comparto son el resultado de esos primeros cursos, pero también de haber ampliado mi mirada asistiendo a exposiciones fotográficas y viendo cine.

Recuerdo especialmente las organizadas por Fábrica de Imágenes en Morelia, una escuela que formó a toda una generación de fotógrafos y que influyó en mi manera de entender la fotografía documental.

Las imágenes buscan construir una narrativa urbana de los barrios de París.

En ellas aparecen jóvenes practicando breakdance en la calle, aparcadero de bicicletas, músicos interpretando sus canciones, grafitis, cafeterías, personas en situación de calle, puentes, estaciones del metro y rincones alejados de los circuitos turísticos.

Al mirar estas fotografías casi veinte años después, me llama la atención que nunca sentí la necesidad de hacer la clásica imagen frente a la Torre Eiffel. Mi interés estaba en descubrir la vida cotidiana de la ciudad.

Durante aquel verano de 2006, mientras permanecía en París, Francia disputaba la final de la Copa Mundial de Fútbol contra Italia. Recuerdo caminar por las calles de Le Marais, muy cerca del Centro Pompidou, y ver a cientos de franceses siguiendo el partido con una pasión desbordante, gritando y alentando a su selección.

Yo decidí no verlo y continué recorriendo la ciudad con mi cámara.

Al caer la noche, cuando la gente regresaba a casa, el ambiente había cambiado por completo. En el metro reinaba un silencio absoluto. Dentro de los vagones se percibía la tristeza en los rostros de los pasajeros.

Francia había perdido la final en una de las imágenes más recordadas de la historia de los Mundiales: aquella en la que Zinedine Zidane fue expulsado tras propinar un cabezazo al defensor italiano Marco Materazzi, en los tiempos extra del partido.

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