
La «Casa Grande» en el Centro de Los Reyes de Salgado se transformó de una mera casona antigua bien conservada en un teatro, donde la cocina y los corredores de su patio central se convirtieron en escenarios de un confesionario.
La obra se presentó en formato de Microteatro Unipersonal, un estilo que emergió en Madrid, España, en 2009, como proyecto histriónico que facilito económicamente el acceso al teatro. Este formato aprovecha al maximo la intensidad, brevedad e intimidad para capturar un momento de quiebre emocional en el actor, que puede ser profundamente personal como los microrelatos que se presentaron en «Casa Grande» como parte de la obra.

El director de esta obra, el reyense Uriel Bravo, destacó tener una trayectoria de casi 50 años en el teatro después de haber obtenido una licenciatura en actuación y una maestría en dirección escénica en la Ciudad de México. En cuanto al origen de esta pieza de Microteatro, explicó que surgió como un taller de teatro que convocó a personas interesadas. Inicialmente, nadie pensaba que la obra llegaría a presentarse, pero gracias al interés y dedicación de cada participante se volvió realidad.

Antes de las 19:30 horas, una fila de personas comenzaba a formarse en la calle Salazar 74, a pocos pasos de la plaza principal para entrar a «Casa Grande», un inmueble con techos altos y una gran puerta de madera, que se transformó en un teatro vivo donde actores y espectadores interactuaban al mismo nivel, sin un escenario fijo tradicional, lo que otorgó mayor intimidad a la obra.

En esta experiencia de Microteatro Unipersonal, en la cocina no se cocinaba y el patio no servía de descanso porque se convirtieron en confesionarios abiertos donde se exploraban emociones intensas como el duelo por la pérdida de un ser querido, la gordofobia, el tabaquismo, la violencia y la muerte.

Para esta pieza teatral, se diseñaron tres escenarios distintos que, al considerar los elementos únicos de cada actor, se multiplicaron en seis, permitiendo que cada uno de los actores compartiera una experiencia personal profundamente impactante de su vida ante un público intinerante por los escenarios en la casa.

Las seis actuaciones comenzaron en la cocina con dos actos, seguidos de otros dos en uno de los corredores del patio central de la casa y finalizaron con los últimos en otro corredor a la entrada. Las historias cortas, en el orden en que sé presentaron, fueron «Gorda», «La Silla», «Incertidumbre», «La Biblia», «Hermano mío» y «Fumar no me sienta bien», interpretadas por Lucero Medina, Sarai Díaz, Armando Ávila, Rafael Vallejo, Linda Arteaga y Francisco Barragán.

El director de la obra destacó que el taller que impartió tuvo un carácter exclusivamente formativo, sin fines terapéuticos. Subrayó que, en pleno 2026, el teatro enfrenta el desafío de reunir a las personas de manera cercana, fomentar el reconocimiento mutuo y crear un sentido de comunidad, respondiendo así a una necesidad creciente en personas que carecen de acceso a este tipo de interacción en persona, la cual sustituyen por la pantalla del televisor o el celular.

Al concluir la obra, quedó claro que el teatro prescinde de grandes estructuras y telones lujosos; solo requiere una verdad y alguien dispuesto a expresarla. Al final, la «Casa Grande» recuperó su normalidad, y quienes cruzamos el umbral hacia la calle salimos un poco más humanos y menos extraños.




Uriel Bravo con estudios de actuación y dirección escénica en INBA y UNAM quien impartió el taller de Microteatro y dirigió está obra experimental.






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